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El alemán se lleva un merecido triunfo en el que superó al eslovaco. Ambos no tuvieron como rival a Cavendish, cortado en la cota de tercera que adornaba el último cuarto de la etapa. Una subida tan dura que fue coronada por Evans y Van den Broeck. Sin embargo, el único perjudicado por la subida, amén de un buen número de integrantes del pelotón, fue el británico, que, sin equipo, no pudo enlazar.
Fue otro día relativamente tranquilo. Ninguna fuga realmente peligrosa, alguna caída, pero sin demasiada consecuencia. Parecía un sprint cantado y así se lo propusieron los ciclistas, con el guión prestablecido de este tipo de jornadas. En la escapada estaba Morkov, uno de los ciclistas más combativos de este Tour. Es admirable ver cómo algunos ciclistas sin opciones de victoria reales se muestran con el fin de subir al podio. La combatividad es un premio que anima el ciclismo.
En la cota sucedió lo único no esperable en la película: ataque de Evans. Lo cierto es que consiguió soltar de rueda a Wiggins, aunque los más de 20 kilómetros a meta pesaban como una losa ante un líder buen rodador y con un equipo superior en estos momentos. La general, por tanto, sigue sin variar un día más.
En la parte final atacaron Albasini y Vinokourov, tratando de pescar en río revuelto, pero fueron arrastrados por la marea del Lotto, que descolgado Cavendish veían una gran oportunidad de empatar a Sagan el casillero de Greipel. Así fue. El alemán remató un magnífico trabajo de su equipo, que tuvo que atajar un ataque postrero de Luis León Sánchez (¡qué clase tiene!).
Esperan los Pirineos, divididos en dos fases. La primera es la que llega a Foix, con los puertos relativamente lejos de meta, aunque de una dureza importante. Atentos. Hay descensos. Nibali y Evans saben que subiendo les será difícil. Buscar el error ajeno es algo común en deportes como la Fórmula 1. SIn llegar a esas velocidades, sí que será un circuito de velocidad, nervios, sangre fría y temeridad.
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