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HISTORIA viernes, 25 de mayo de 2012

El Giro de Italia (1935-1949): Los memorables duelos de Bartali y Coppi

Los siguientes Giros vieron los triunfos de Vasco Bergamaschi, en 1935, Gino Bartali, en 1936 y 1937, y Giovanni Valetti, en 1938 y 1939. Sobre el primero citar que antes de imponerse en la carrera era un completo desconocido de cara al gran público, pero haciendo de la regularidad su mejor arma logró inscribir su nombre en el palmarés. ‘El chino’, tal como le apodaban por sus ojos rasgados, obtuvo dos triunfos de etapa en el que fue el último Giro de Binda.

También en 1935 destacó un joven toscano de 20 años llamado Gino Bartali. Estrenó su palmarés de victorias en el mundo profesional el L’Aquila tras entrar en solitario en la línea de meta. Además ya dejó entrever sus dotes para la escalada cuando se impuso en el Premio de la Montaña por delante de Cecchi y Bertoni.

La juventud y la veteranía se pusieron frente a frente en el Giro de 1936. En la salida se encontraron Gino Bartali, con 21 y con toda la vida deportiva por delante, y Constante Girardengo, 43 años y un palmarés a sus espaldas sólo al alcance de unos pocos elegidos. Bartali ganaba su primer Giro de Italia por delante de Olmo, diez victorias de etapa entre ellas la cronoescalada al Terminillo por delante de Bartali. La alegría de Gino se vio oscurecida días después de su triunfo por la pérdida de su hermano tras una caída en una carrera de aficionados. Bartali, muy afectado, meditó su retirada del ciclismo. Por fortuna para el ciclismo, volvió a final de temporada, justo a tiempo para ganar el Giro de Lombardía.

Bartali, ya convertido en una figura, repitió en 1937. Fue su consagración y demostró ser el más fuerte en la carrera e intentó hacer lo mismo en el Tour poco más tarde. Una caída lo dejó fuera de combate de la ronda gala.
Tras la ausencia de Bartali, que había centrado todas sus opciones en el Tour de Francia obligado por las más altas instancias, 1938 vio el primer triunfo de Giovanni Valetti, un gran ciclista de las pruebas por etapas que ganó también la Vuelta a Suiza. Buen escalador repitió triunfo en 1939 ganándole la partida a Bartali en la cronoescalada al Terminillo. Pero su triunfo sobre Giro lo confirmó en la penúltima etapa, eran 155 kilómetros entre Trento y Sondrio, y había de escalarse el temible Tonale.

La maglia estaba en posesión de Bartali y Valetti era cuarto, con casi cuatro minutos. La etapa supuso en vuelco en la general, puesto que el Giovanni entró en la meta en solitario con más de cinco minutos sobre el líder de la maglia rosa. La última etapa tenía al Ghisallo como mayor dificultad. Bartali lo intentó, pero sólo le valió para adjudicarse la etapa y firmar el segundo puesto en la general a tres minutos del ganador Giovanni Valetti.

Y aparece Coppi en 1940. Un ciclista espigado con unas piernas más largas de lo normal formaba parte del equipo Legnano, donde Bartali era el jefe indiscutible. Tenía 20 años y la rebeldía de los jóvenes. La representación foránea era escasa, por causa de la guerra que había estallado en Europa. La misión del joven Coppi era la de ayudar al jefe de filas hasta que pueda y meterse o promover fugas, todo ello en beneficio siempre de Bartali.

Gino sufre una caída en el trascurso de la segunda etapa y el director del Legnano, Eberardo Pavesi, le dio carta libre. En la undécima etapa Coppi aceleró y se destacó en la ascensión al Abetone. Uno a uno fue devorando los cien kilómetros que restaban ante un público que animaba asombrado a un chaval delgado al que no conocían. Esperaban a Bartali y aparecía otro ciclistas, eso sí, con el mismo maillot. En la meta de Modena la historia del ciclismo escribía el primer renglón sobre Coppi: ganador en soltario con 3’45” sobre el primer grupo y nuevo maglia rosa. Días más tarde se convirtió en el más joven ganador del Giro de Italia a sus 20 años. 24 horas después de terminar la carrera, Mussolini declaraba la guerra a Francia y a Inglaterra.

En los años de la Guerra no hubo competición que recorriera la península, aunque a pesar de las precariedades vividas no se paró la vida. Ni tampoco el ciclismo. En 1942 se ideó una especia de Giro de Italia que constaba de las mejores ocho pruebas de un día del calendario ciclista italiano. Se hace une especie de clasificación por puntos, de tal modo que el ganador de cada carrera recibe un premio de seis puntos, cantidad que va bajando según el puesto ocupado en la carrera. El más regular fue Gino Bartali, sin ganar ninguna de las puntuables pero haciendo segundo en el Giro del Piemonte, en el de Toscana y en el de Lombardía. Bartali se vistió con la maglia rosa de ganador.

En 1943 se hizo otro tanto, no fueron tantas pruebas las que puntuaron, sóo fueron cuatro las que se tomaron en cuenta y el ganador final fue Glauco Servadei por delante de Bizzi.

Tras el paréntesis de la guerra el ciclismo vivió en Italia una especie de resurgir y uno de los periodos más fértiles de toda su historia ciclista. Bartali, Coppi y Fiorenzo Magni estaban en su esplendor dibujando año tras años espléndidas estampas de ciclismo, un deporte que arrastraba masas ingentes de personas allá por donde para la caravana ciclista. Es este periodo Bartali gana su tercer Giro, en 1946, Coppi suma cuatro más a su cuenta, con dos años de doblete Giro-Tour, y Magni gana tres.

Los duelos de Bartali y Coppi en las montañas de Italia son memorables, y el Pordoi quedara para siempre unido al nombre de uno de los más dotados campeones de toda la historia. Coppi revienta el Giro en su montaña mágica en el Giro de 1947 tomándose cumplida revancha de su derrota en el año anterior a cargo de Bartali.

Esta bipolarización del ciclismo italiano es rota por Magni, el ‘León de Flandes’. Con una mínima diferencia se impone en el Giro de 1948, sólo once segundos le separaron de Cecchi, en una carrera marcada por la polémica retirada en pleno de la Bianchi de Coppi, en desacuerdo con una decisión de los jueces que no expulsaron de la carrera a Magni, tal como clamaban ciertas escuadras. Magni ganó, asimismo, en los años 1951 y 1955, este último cuando contaba 34 años. Las diferencias en la generan eran exiguas y si en 1948 ganó por 11 segundos, en 1955 la diferencia sobre Coppi fue de quince. Escalador medio, hacía valer su habilidad en los descensos y una perfecta lectura de la situación en cada momento.

Pero si Magni ganaba por la mínima, lo de Coppi era sublime. Capaz de reventar la carrera cuando veía que debía hacerlo tuvo la osadía de dejar a su máximo rival, Bartali, a casi media hora en el Giro de 1949. Fausto lo hacía todo a lo grande, cabalgadas en solitario como en la etapa de Pinerol en el mismo año. 192 kilómetros en fuga para atravesar en solitario los cinco puertos de la jornada y dejar todo visto para sentencia. En la meta, tras 9 horas y los puertos de La Madeleine y Sestriere, entre otros, dejó a su segundo a casi doce minutos.

El Giro de Italia (1931-1934): El fin de la era Binda

Para 1931 se instauró una novedad que iba a dar color a la carrera para ser, con el paso de los años, santo y seña del Giro. Era la ‘Maglia Rosa’ que, al igual que en el Tour con el maillot amarillo, distinguiría al primer clasificado en la general. ¿El color? Pues rosa, igual que las páginas del periódico Gazzeta dello Sport, organizador de la prueba.

La primera etapa se disputaba entre Roma y Mantova, localidad natal de Learco Guerra uno de los más grandes y queridos ciclistas italianos de la historia. La respuesta a quién se impuso la primera maglia rosa de la historia es fácil: Guerra. Duró dos días en su espalda hasta que fue a parar a la de Binda.

Este, en cambio, sufrió una caída en la sexta etapa y le obligó a retirarse. Entonces Michele Mara pasó a encabezar la general hasta la séptima etapa, en la cual un joven piemontés, Francesco Camusso, se hizo con ella para no abandonarla hasta el final en Milán. Giacobbe repitió segundo puesto en la general.

Si Camusso contaba con 24 años cuando ganó el Giro de 1931, con la misma edad se impuso Pesenti en la siguiente edición, en 1932. Ya había sido tercero en el Tour de Francia del año anterior y ganó holgadamente al belga Demuysere con un Binda puesto en su totalidad a su entera disposición. El ganador, en cambio, no superaba en popularidad a Learco Guerra, un verdadero prodigio de la naturaleza.

Binda contaba ya con 31 años cuando se dio la salida al Giro de Italia en 1933. Se había hecho con un palmarés inalcanzable para ningún ciclista de la época: 4 Giros, tres campeonatos del mundo, 4 campeonatos de Italia, 4 Giros de Lombardía,... siendo, como es lógico uno de los favoritos en las previas, al mismo nivel que Learco Guerra.

Este comenzó ganando en Turín. La réplica de Binda vino en la segunda etapa, ganador y líder. Guerra continuó en lo suyo, se hizo con las etapas tercera y quinta, pero el golpe definitivo de Bilda llegó en Foggia, al término de la octava etapa. Pasó a encabezar la general imponiéndose, asimismo, en tres etapas más, entre ellas la contrarreloj de 62 kilómetros de Bolonia.

El resultado fue el quinto triunfo de Binda en la general, superó en 12’34” al belga Demuysere, segundo de nuevo, y a Piemontesi, que ya había finalizado en segunda posición en 1929. Guerra no pudo terminar, sufrió una caída en el sprint de la sexta etapa en Roma al colisionar su máquina con la de Binda. Este incidente impidió ganar la etapa a Binda, superado in extremis por Cipriani, y fue el adiós del desafortunado Guerra al Giro. Se instauró el primer Premio de la Montaña, ganado por ‘El señor de la Montaña’, apodo por el que se le conocía a Binda.

Learco Guerra, por fin, iba a ver su sueño convertido en realidad en 1934. En su favor estaba un recorrido menos selectivo que en otras ocasiones, con la montaña alejada de los lugares de meta lo que, en cierta medida, estaba al alcance de sus posibilidades. La velocidad de Guerra se hizo patente en diez etapas, y en la clasificación final puso con Camusso por la exigua diferencia de 51 segundos.

El Giro de Italia (1924-1930): Aparece Binda, il più grande

En 1924 se vivió uno de los peores años para el Giro. Los entonces llamados ases no tomaron parte en la prueba, ya que las grandes marcas constructoras de la época decidieron hacer boicot por problemas crematísticos. El ganador fue Giuseppe Enrici, quien aventajó en casi una hora a Federico Gay y en casi dos a Gabbrieli, quien se impuso a su vez en la categoría de los ‘isolés’ o los ‘isolati’ tal como se les denominaban en Italia. Su triunfo lo basó en la séptima etapa entre Foggia y l’Aquila cuando sacó más de 17 minutos a Gay, líder de la prueba hasta entonces.

En esta edición participó por primera y única vez una campesina de la región milanesa llamada Alfonsina Strada. A pesar de haber sido descalificada por llegar fuera del tiempo máximo, realizó el Giro completo partiendo en las etapas antes que sus compañeros que no veían de buen grado la presencia de una dama en un deporte tan duro.

Al siguiente año hace su aparición en el Giro de Italia el ciclista que más éxito ha cosechado, el mejor corredor de la historia del Giro. Nos estamos refiriendo a Alfredo Binda que pudo triunfar en cinco Giros, a pesar de que en una ocasión fue pagado para que no tomara la salida, y en un total de 41 etapas.

En 1925 el Giro contaba con 12 etapas, un total de 3419 kilómetros con salida y meta la capital lombarda de Milán. A sus 23 años Binda triunfaba en la carrera de su país dejando la impronta de campeón gracias a sus cualidades atléticas, hombre robusto y fuerte, buen escalador y excelente rodador. Dejó tras él en la clasificación general a un veterano Girardengo (32 años) y al bravo Brunero, que ganó su tercer Giro al año siguiente.

En cierto modo, Brunero se vio favorecido en su triunfo de 1926 de la mala fortuna de Binda. Este sufrió una caída en la primera jornada que iba hasta Turín y le hizo perder unos minutos preciosos en la línea de meta. En la bajada del puerto de Serra tras sufrir la rotura de un freno. Dolorido y lleno de sangre, Binda no quería continuar. No obstante, tras las curas y ánimos de sus seguidores y acompañantes retomó la marcha en su bicicleta. La etapa fue ganada por Domenico Piemontesi, con Brunero en la quinta plaza a un cuarto de hora. Binda se clasificó decimoctavo a 37 minutos.

La dureza de esta primera etapa nos lo dice la clasificación de la misma: el último clasificado (Benaglia) entró en la línea de meta tres horas y media más tarde del vencedor. Bueno, esta era la media más o menos que solían perder los menos dotados tras casi 300 kilómetros por carreteras en deficientes condiciones. En este Giro se clasificaron 39 en la general final. El último perdió más de 27 horas con respecto a Brunero.

Los siguientes tres años, 1927, 1928 y 1929, fueron casi un monólogo de Alfredo Binda. Ganó 26 etapas de las 31 posibles dejando bien claro la enorme clase y ambición que atesoraba. En 1927 logró 12 de los 15 triunfos parciales posibles superando a Brunero, segundo en la general, en casi media hora. Binda contaba con sólo 25 años, y este año se haría con el campeonato mundial, el Giro de Lombardía y el campeonato de Italia.

En 1928, con un Brunero ya veterano, Binda triunfó claramente. Las etapas se las repartieron entre el mismo Binda, siete, y Piemontesi, cinco, éste un llegador potente y valeroso que alargó su vida profesional hasta 1937 y que iba a ser segundo en la clasificación general del siguiente año, en la cuarta victoria de Binda, la tercera consecutiva.

Así las cosas, en 1929 el ciclista varesino ganó ocho etapas consecutivas, de la segunda hasta la novena, batiendo a sus oponentes en todo tipo de terrenos, siendo capaz de remontar a los de cabeza en la recta final como si fuera encima de una motocicleta, reafirmándose en la tiranía del triunfo. Tiranía que fue motivo por el cual los organizadores del Giro le comentaran la posibilidad de no tomar parte en la próxima edición, tal era su supremacía. Para tal fin, se le pagarían los premios como si hubiera ganado todas las etapas. Binda no se presentó en Sicilia en la salida de 1930.

Su equipo, la Legnano, estuvo asimismo de acuerdo con la decisión de Binda, y primó al ciclista para que no estuviera en la salda. Gracias a esto la popularidad de la casa de bicicletas aumentó, y se vería aún mayor tras el triunfo de otro ciclista de la misma casa en la general de 1930. Era Luigi Marchisio, quien a sus 21 años recién cumplidos se anotaba en Giro de Italia en su primera participación gracias s sus dos triunfos de etapa y su saber estar en el pelotón, atento y vigilante a las acciones de sus adversarios. Tras Coppi, es el segundo ganador más joven de la historia de la prueba. Aventajó a Giacobbe (23 años) en 52 segundos y el tercer clasificado, Grandi, también de 23 años, se clasificó a 1’49”.






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